jueves 8 de marzo de 2012

La piel del espejo.

Estriba sus tormentos en la esperanza, que pecado tras pecado asiente a la serpiente trato a trato.
Es corrompido el camino entre el rezo y la blasfemia; perdiendo cada segundo de vida en alzar altares a la gracia de su reflejo.

Se adora, se mima; esculpe su majestuosa sombra; diríase que el sol nació para servirla.
Asevera el miedo que no quiere continuar con esta lucha, la conllevada contra el amor ajeno.

 Amarse a sí mismo es un derecho, una obligación, un placer y una medicina para el corazón. Sin embargo, nadie puede amar hasta dejar la vida en ello
Ama y cuida el qué; no siempre ha de amarse uno antes que a nada, no siempre, ni nunca -dijo su conciencia.

Amante de las maravillas que da el delirio primaveral de la vida; pierda el sentido todo menos la belleza impregnada en la superficie de la existencia: larga vida a la espera del más allá.

Aguarda con impavidez, el otro lado del espejo, esperando a que Narcisa no ceda en su mayor dedicación. Ámase, a cada mentira un tanto más.

El espejo, la pared, sus reflejos y silencios. Amar a quien cree amarse, pero tan sólo tiene miedo de que el espejo se convierta en pared; es todo irremediablemente silencio.

Reflejos que venden vacunas contra desamores fingidos.

Su piel es la razón para todo.





Imagen tomada de la película  Säsom i en spegel, dirigida por Ingmar Bergman
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Aprovecho para hacer acto de spam, totalmente voluntario:


Es la primera composición tras haber aprendido realmente a trabajar con partituras, que me he dignado a hacer. Tocada y grabada con sintetizadores, ya que otro medio supondría lidiar con lo imposible.

domingo 26 de febrero de 2012

Diario de Ixión, décima parte.

No la conoces, tampoco la sientes. No te mientas.

Date la vuelta, no pares de caminar. Aléjate, es más seguro.

Era rubia, pero ya no recuerdas qué ha podido ser de aquellos cabellos. Un día, de esos que sólo medimos los humanos, afirmó que es suficientemente obvia la falta de atracción entre ella y alguien a quien suelo llamar yo. De hecho ejemplifico con un bonito símil, entre una seta y un saltamontes.

Tiempo y silencio ha, desde entonces, pasado.

¿Puede el Dios de la miseria afrontar su destino? ¿Podría el mar luchar contra el océano?.
Piedra sobre piedra la caída apila su particular muro de decadencia.

Abrígame, como sábanas de puro hielo. 

Overdown

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